domingo, 8 de agosto de 2010

La Ondina

Se encontraba el encapuchado junto al gnomo buscando piedras con cristales en un rio para crear unas herramientas. El sonido del rió era muy relajante y hacía muy placentero el buscar los cristales. El encapuchado siguió el caudal del río cuando en lo alto de un peñasco a una mujer de extraña belleza. Su piel era blanca con tonalidad azules. El encapuchado pudo darse cuenta de que criatura se trataba y se acercó con cautela.

—Es muy extraño alcanzar a ver una ondina fuera de su mundo— le dijo el encapuchado serio.

La ondina volteó su rostro hacia al encapuchado y al ver más allá al gnomo entendió que se trataban de criaturas mágicas también por lo que no huyó. Las ondina se quedó quieta por unos instantes esperando que el encapuchado continuara con su conversación pero al este no responder no le dio más remedio que comenzar a contar.

—Llevo mucho tiempo en este mundo. Crucé la dimensión pero luego decidí permanecer aquí. Ahora permanezco en esta roca viendo todos los días lo mismo. Sin poder salir de aquí. Sin apenas tener una razón para vivir.
—¿Por qué no buscas tu razón? Vivir en una roca es muy triste— le contestó el encapuchado.

— A nadie le interesa. Apenas han venido a buscarme—dijo la ondina.

—Apenas has venido a buscarte a tí misma. No tienes razón para permitirte tan deprimida. Lánzate, lucha y vive— le dijo el encapuchado.

— No hay razón alguna necesito que me escuchen, que me vean— le dijo algo alterada la ondina.

Al suceder esto, el encapuchado miró al gnomo y este entendió que quería. Mientras la ondina continuaba discutiendo y lamentándose a sí misma el gnomo desapareció de la vista de todos. Entonces el encapuchado actuó.

— Ya es suficiente, estando en lo alto de la roca no podrás ser lo que eres. Una vez me hicieron esto y espero que funcione igual en esta ocasión.

Al decir esto, el encapuchado le hizo señas al gnomo y este la empujó del peñasco hacia el río. La ondina gritó del susto pero comenzó a sentir su corazón a medida que se zambulló a lo hondo del río. Una vez allí, se llenó de energía y continuó su camino.

Desde lo alto del peñasco, el gnomo se encontraba sonriendo.

— Deberías de dedicarte a lanzar personas al vació— dijo sonriendo el encapuchado y continuaron buscando cristales.


Por Angel Yamil Ortiz Torres 2010 © #23




miércoles, 4 de agosto de 2010

Manifiesto de su Universo

Acababa el encapuchado de venir de su encuentro con el Árbol Eterno cuando sintió la necesidad de visitar la Dama del Lago. Sintiéndolo como un llamado, este abrió rápidamente su cuaderno y se teletransportó hasta el lago. Allí la vio y su interior se llenó de alegría fue hacia ella cuando la dama se percató de su presencia.

—No deberías estar aquí—le dijo la dama con aparente coraje pero con una tonalidad de evidente dolor.—Es mejor que te vayas.

Las palabras golpearon fuertemente en su interior al encapuchado. No pensó más allá de las palabras y se retiró con dolor de allí. Era peligroso saber que dos simples oraciones de rechazo lo habían dejado en tan mal estado. Mientras se alejaba, su cuerpo se dejó vencer y tuvo que soltar sus lágrimas con coraje. Entonces pareció escuchar una voz femenina.

—¿Por qué lloras? ¿Crees que realmente debes llorar? Es increíble pensar que olvides que tras un hecho se esconde la realidad. Eso tu lo conoces— dijo la voz femenina y este se levantó buscándola con la mira por todos lados.

La voz lo dejó pensativo.

Mientras tanto, la dama se encontraba en sus propios problemas frente al lago. Se comenzó a sentir cansada y sin darse cuenta quedó dormida en el suelo. Luego de un rato, se levantó de golpe por haberse quedado dormida. Apenas se levantó vio su cuerpo aun en el suelo y se asustó.

—Estas en un sueño— le dijo una voz que ella muy bien conocía y cuando volteó vio al encapuchado.

Iba a decirle algo pero la sorpresa de las circunstancias la detuvieron. El encapuchado le tendió la mano.

—Vamos, acompáñame— le dijo el encapuchado.

La dama lo pensó por unos momentos pero luego accedió darle la mano. Entonces comenzó a sentirse liviana y la mano del encapuchado la halaba hacia arriba. Comenzó a flotar y pronto empezaron a adentrarse al mar celeste nocturno repleto de estrellas. La dama miraba con notable emoción las estrellas mientras flotaba en el espacio junto al encapuchado.

—Cada estrella nos guarda la leyenda de uno que nació entre nosotros y sus valerosos actos brotó en el mundo la armonía. Nos recuerdan que en el mundo nada de lo que queremos es imposible y al lograrlo nos unimos al propio universo— le dijo el encapuchado.

Continuaron navegando el cielo nocturno hasta que poco a poco se acercaron a la enorme Luna. La dama al ver la Luna comenzó a llorar de gozo. Nunca había visto nada igual, y su luz parecía latir junto a su corazón.

—La Luna es el faro de unión. Su luz inspira los escritos del poeta, alumbra las faenas de los enamorados y vela por todos mientras cultivamos los sueños. Nos recuerda que en la más terrible oscuridad siempre habrá una luz guiándonos e inspirando. No estas sola— le dijo el encapuchado y esta vez bajaron.

Mientras bajaban hasta el suelo terrestre, la dama pudo ver el mundo en todo su esplendor parecía hablarle algo que ella no entendía mientras poco a poco descendieron e un impactante paisaje. Se encontraban en lo alto de una montaña donde el viento hasta mecer los pastizales frente a un impresionante río que descendía con un inspirador sonido. Pudo ver entonces pájaros de muchos colores que parecían flores vivientes en el aire emitiendo cantares de melodías. Entonces sintió que el mundo podía hablarle. Podía sentir en sus adentros todos los sonidos del cielo, las estrellas, el agua, los pájaros y todo ese conjunto de criaturas que viven junto a nosotros. Algo dentro ella pareció ceder y se entregó a la melodía del mundo. Comenzó a elevarse por sí sola del suelo y empezó a llenarse de vida.

En el suelo, el encapuchado observaba quieto lo que sucedía cuando un shaman se acercó a él. Luego comenzó a cantar en desentonos palabras incomprensibles. Todo esto surgió y los corazones del encapuchado y la dama comenzaron a latir con mucha más fuerza. Se fusionaban a la armonía de todos los elementos del Universo. Todo continuó cada vez más hasta que el ocurrió el Rugido del Mundo. Un increíble estruendo que dejó todo completamente blanco y la dama y el encapuchado parecían emanar luz.

— La naturaleza es la madre de todo ser viviente. Es el corazón de la Armonía y nos recuerda que somos parte de una inmensa capacidad de vida y poder,de alegría y amor, de elementos que exaltan nuestros corazones y su energía se une a todas las demás. No hay razón para permitirnos dejar de seguir adelante creciendo en alegría y amor— contaba el encapuchado mientras el también se desaparecía en la luz.

La dama quedó sola en la luz por unos instantes y cuando comenzó a sentirse incómoda, se levantó se golpe del suelo. Esta vez observó el suelo y vio que realmente estaba despierta y quedó meditando lo vivido. Por otro lado, el encapuchado también se levantó del suelo cerca de su base y comenzó a reflexionar sus propias palabras. Ambos se podian sentir en el Rugido del Mundo.

Por Angel Yamil Ortiz Torres 2010 © #22

domingo, 1 de agosto de 2010

Las Encomiendas

Se encontraba el encapuchado junto el Árbol Eterno con el cuaderno abierto. Estaba esperando que el Árbol comenzara. Ya se encontraba listo cuando hablo.

— Debes primero subir a lo alto de mis ramas— le dijo el árbol.

El encapuchado lo observó extrañado por unos momentos cuando decidió aceptar. Fue a subirlo pero apenas encontraba una forma. Entonces pudo ver un bejuco colgando del mismo y fue a sujetarse de él. Parecía bastante resistente cuando ya a mitad de alcanzar la rama el bejuco se partió y cayó fuertemente. Pasó trabajo para levantarse nuevamente pero esta vez se vio determinado. Vio que con sus manos podía tocar un hueco del tronco y comenzó a subir a todas fuerzas agarrándose de este. Pudo subir esta rama y entonces pudo darse de lo realmente grande que era dicho árbol. Luego de unos instante de pensarlo, continuó subiendo con dificultad. Cada rama era mucho más difícil de subirla. Estaba ya casi en la cima cuando el árbol lo interrumpe.

—Recoge ese cuaderno de arriba, una vez un poeta subió ahí y presenciando los hermosos paisajes del su alrededor no se creyó capaz de realizar la obra abandonando el cuaderno.

El encapuchado subió hasta donde dijo el árbol y encontró en un hueco producido por las ramas altas un cuaderno algo roto. Lo abrió y se percató que estaba todo en blanco.

— Escribe mis historias en el cuaderno. Mi segunda encomienda es que crees un puente a la tuya propia. Ahora comienza y escribe lo que te tengo que contar.

El encapuchado se sentó en lo alto del Árbol Eterno y presenciando aquel mágico paisaje comenzó a escribir.

Por Angel Yamil Ortiz Torres 2010 © #21

viernes, 30 de julio de 2010

Reencuentro con la Jornada

Se encontraba el encapuchado caminando hacia su base acompañado de la dama, el gnomo y la hada. A lo lejos, ya se podía ver la base que, encontrándose toda abandonada, aun mantenía la magia capaz de inspirar a cualquier contemplador de paisajes. Al llegar allí, el gnomo comenzó a arrancar las malas hierbas del área mientras la hada regaba las plantas. La Dama del Lago quedó maravillada del lugar que bien, con el ajetreo de antes, no había podido fijarse de su belleza. El encapuchado prosiguió a examinar sus plantas y lo descuidado que se encontraba su jardín. Mientras esto sucedía, la Dama del Lago se sentó sobre una piedra y quedó perpleja ante lo que observaban sus ojos. Desde la base se podía observar todo un valle pintados de tantos colores que los árboles, y los pastizales desplegaban en cientos de flores. El viento soplaba y parecía barrer de a ratos parte del colorido echándolo a volar por los aires. Esa brisa alcanzaba la base y la suma de todos los pétalos desplegaban grandiosos aromas en el lugar.

El encapuchado no se encontraba ajeno de la emoción de la dama y por momentos pensó dibujarla en su cuaderno. Sintió tal inspiración por ello que rápido fue a buscar su cuaderno y comenzó a dibujarla. Mientras lo hacía adquiría alegría y parecía también sentir la emotividad de ella. A todo esto, el gnomo miraba de reojo.

Luego de completar el dibujo, el encapuchado fue a sentarse junto a ella.

—Te pasas aquí por todo esto, ¿verdad?—le preguntó la dama.

—Sí, es el hogar de ellos— le dijo el encapuchado haciéndole referencias al gnomo y al hada.

—Entonces aquí es que puedes crear tu obra, aquí es que vive el que hace nacer las estrellas y crea mundos para los valores.

— Aquí una vez renuncie a seguir, realmente todo lo que somos o queremos hacer reside dentro de uno. Tú debes sentirte igual en el lago...

Hubo una pausa prolongada.

—Debo irme—le dijo la Dama del Lago levantándose.

Luego de unos momentos el encapuchado se levantó y buscó el cuaderno. Entonces abrió un portal y quedaron ambos viéndolo por unos instantes cuando la dama decidió continuar.

—Gracias— le dijo la dama y entró cerrándose el portal.

El encapuchado entonces se sentó en el suelo cuando sintió dentro de sí la voz del Árbol Eterno poniéndose en pié nuevamente. Entendió su mensaje y se dirigió hacia allá. El árbol lo estaba esperando.

—Ya veo que lograste vencer tus sombras—le dijo el Árbol Eterno.

—Todo gracias a ti y a ellos.

—Realmente las gracias son solo a ellos. Yo solo pronuncio palabras escritas en tu alma. La atención de los seres esta en ustedes. Tendrán muchas trampas en el camino y gracias a ello no caerán porque para hacer algo grande se necesita una razón.

Ya poseo una razón.

—Pero no la certeza de lo que harás. Tu me pediste mi sabiduría, pues te la ofreceré en dos encomiendas. Perpetua nuestra existencia y busca ya espacio en el cuaderno.

El encapuchado abrió rápido su cuaderno y esperó las encomiendas.

Por Angel Yamil Ortiz Torres 2010 © #20

jueves, 29 de julio de 2010

La Lucha por su Esencia

Se encontraba el encapuchado con la espada en mano tratando de alcanzar a la Dama del Lago. Ella agarró una piedra y la lanzó a Miedo golpeándolo fuertemente en el cuello. Miedo volteó y mandó a sus criaturas contra ellos. Entonces la Dama del Lago recogió un pedazo grueso de rama en el suelo y comenzó a atacar a las criaturas con fiereza.

— Realmente eres una ilusa. Tu no puedes enfrentarnos— le dijo Miedo a la dama.

—Mientras pueda luchar lo haré— le dijo la Dama del Lago.

—No sabes a lo que te enfrentas. Cada golpe que das es inmune a nosotros. Yo soy tu realidad—le dijo Miedo y por unos instantes desconcertó a la dama con su mirada y la dejó en el suelo.

Miedo iba a atacarla pero el encapuchado lo alcanzó con su espada y lo hirió letalmente. Esto hizo que perdiera sus fuerzas y poco a poco parecía desvanecerse en sombras.

—Siempre me tendrás a tu lado— le dijo Miedo dirigiéndose al encapuchado y terminó por desvanecerse completamente.

Hubo un silencio por unos instantes y todo parecía haber acabado pero el encapuchado se mantenía en silencio. Sabía que no era así. En esos momento apareció un golpe aparentemente de la nada hacia el encapuchado el cual esquivó con un salto de la lado con gran habilidad. Pudo ver que provenía de Pereza y este se lanzó otra vez hacia el encapuchado y este esquivó todos sus golpes.

—Ya se acabó, tengo que seguir mi misión— le dijo el encapuchado.

En ese momento, Pereza le lanzó otro golpe como para aplastarlo pero entonces el encapuchado detuvo sus enormes manos con su espada. Pereza pudo sentir la determinación del encapuchado.

—No puedes seguir, tu misión es imposible, es mejor que vivas seguro— le dijo Pereza e hizo a aparecer a Duda.

Duda apareció en nieblas hacia el encapuchado poniéndolo pensativo. El encapuchado comenzaba a perder fuerzas en la mano con la que resistía las manos del Pereza. Entonces apareció la hada y ataco a Duda. A su vez se lanzo, algo jadeante, el gnomo a atacarlo y alejaron a Duda. El encapuchado sintió entonces con mas fuerzas el apoyo de sus amigos y se lleno de valor.

—No hay nada seguro en la postergación— le dijo el encapuchado y se soltó de Pereza.

Rápidamente se lanzó entonces a Pereza y con todas sus fuerzas atacó provocando que se desvaneciera una parte del ser. Pereza parecia tener furia pero cedió a desvanecerse lentamente.

—Tu volverás a mi— le dijo Pereza antes de desvanecerse completamente.
La Dama del Lago se levanto del suelo y se dirigió hacia el encapuchado al igual que el gnomo y la hada. Cuando estaba cerca de el, el encapuchado volteó y comenzó a ver a Vicio que se encontraba a lo lejos. Al darse cuenta Vicio de ser visto este se desvaneció a si mismo.

— ¿Ya los eliminaste?— pregunto la dama.

—No, a ellos sólo se les puede vencer. Su fuerza es nuestra debilidad. Estuve mucho tiempo alejado de mi camino y ahora, gracias a ustedes, vuelvo a el.

Al decir esto el encapuchado se quedó pensativo cuando el gnomo le entrega nuevamente el cuaderno al encapuchado.

—Vayamos a la base, empecemos a restaurar lo olvidado.

El encapuchado asintió y juntos se dirigieron a la base.

Por Angel Yamil Ortiz Torres 2010 © #19

miércoles, 28 de julio de 2010

Confrontación de las Sombras

Se encontraba el encapuchado ajeno a lo que ocurría con el gnomo. Todavía se encontraba sentado sobre las raíces del Árbol Eterno pero se notaba ansioso. Le preocupaba que no hubiesen aparecido con su cuaderno y decidió levantarse e ir con ellos. Justo cuando se iba a despedir comenzó a escuchar movimientos de arbustos y fue contento hacia allá. Grande fue su sorpresa cuando no vio al gnomo y menos al hada. Era una figura humana femenina que rápido reconoció y cargaba consigo su cuaderno.

—¿Qué haces aquí?—preguntó el encapuchado algo extrañado.

—Tu hada me trajo hasta acá— le dijo la Dama del Lago y le entregó el cuaderno— Creo que esto es tuyo, ¿qué está ocurriendo?

—Eso quisiera saber, salieron hace unos instantes por lo que debió haber ocurrido algo. Acompañame, iremos a la base— le respondió el encapuchado cuando abrió su cuaderno y creó un portal hacia la base.

Ambos cruzaron el portal y se encontraron frente a la base y de allí se podían ver las criaturas de las sombras algo lejano a ellos. Ambos se escondieron y bajo la dirección del encapuchado comenzaron a aproximarse silenciosamente. Mientras tanto, el gnomo se encontraba algo agotado de luchar. Se estaba enfrentando a todo el batallón de seres oscuros por su propia cuenta. Es entonces cuando una llamarada de fuego vino en su auxilio quemando a algunas de las criaturas de Miedo. El gnomo continuó luchando con más fuerzas cuando no pudo esquivar un golpe del enorme ser Pereza que lo lanzó hacia una roca. Estando allí, Miedo corrió para lanzarse y atacarlo con sus garras cuando una fuerza de la nada empujó el cuerpo del gnomo a un lado. Al ocurrir esto, Miedo no pudo detenerse y sus garras terminaron cortando grandemente la roca.

—Se que estas aquí— comenzó a decir Miedo— ¿por qué no te muestras?

Las palabras de Miedo cayeron al vacío mientras se escuchó un gran silencio perturbado sólo por el viento. Mientras tanto, el encapuchado logró rescatar al gnomo sin ellos percatarse y la hada pareció desaparecerse pero realmente fue junto al encapuchado. Estando todos allí y los seres aun sin descubrirlos, el encapuchado decidió abrir un portal para huir de allí. Iban a huir cuando la Dama del Lago intervino.

—¿Que son esas cosas?— preguntó la Dama del Lago.

—Son seres oscuros, se alimentan de nuestra renuncia a nuestras pasiones y ahora se han apoderado del lugar donde vivo— le respondió el encapuchado conduciéndola al portal.

Pero entonces la Dama del Lago se resistió a seguir.

—No, debes enfrentarlos— le dijo la Dama del Lago

— Imposible son muchos— respondió el encapuchado ansioso.

—Tu tampoco eres poco, ¿o acaso entregarás todo lo que te hace ser tu? No, ahora mismo vas y los enfrentas— casi ordeno la dama y se dirigió a los seres.

Al ver esto, sus manos temblaron por unos instantes pero entonces agarro su cuaderno y materializó su espada.

Por Angel Yamil Ortiz Torres 2010 © #18

domingo, 25 de julio de 2010

Los Guardianes

Se encontraba el encapuchado con las dos hojas y la semilla que le ofreció el Árbol Eterno en sus mano. Vio tan delicadas sus hojas que decidió guardarlas entre las páginas de su cuaderno.

—¿Dónde esta mi cuaderno?— se preguntó el encapuchado buscándolo.

—Se quedó cerca de la base. Lo escondimos porque Pereza lo anda buscando. Debes enfrentarlo ya— le respondió el gnomo.

A tales palabras, el gnomo le hizo señas a la hada y se perdieron entre las malezas. Nuevamente el encapuchado se encontró solo con el Árbol Eterno.

— Mis Guardianes, ¿cierto?— le preguntó el encapuchado con notable alegría.

—Muy cierto, cada ser nace con guardianes que los conducen y los protegen. Los guían por su camino mostrando su potencial. Son grandes espíritus que se desarrollan junto a la nuestra. Usualmente toman roles de amigos pero otras veces obtienen roles de seres realmente extraordinarios y mágicos— contestó el Árbol Eterno.

Mientras tanto, el gnomo y el hada se aproximaban cautelosamente hacia el escondite donde habían dejado el cuaderno. entonces escucharon ruidos y decidieron esconderse. Pudieron ver la enorme figura de Pereza buscando por todos lados. Al momento escucharon otros pasos y vieron a Miedo con sus criaturas de las sombras buscando el cuaderno también. Esto atemorizó bastante al gnomo y Miedo sintió su presencia rápidamente. Se hizo el desentendido por unos instantes y luego de hacer señas las criaturas de las sombras, estos descubrieron al gnomo y el hada. En ese momento el gnomo decidió luchar pero lo aguantaron fuertemente . Por otro lado, el hada logró escapar y huyó de todo aquello. Al gnomo lo ataron y las criaturas los rodearon. Pereza, Miedo, Duda y Vicio se acercaron a interrogarlo.

—¿Dónde esta su cuaderno?— preguntó Pereza al frente de los demás.

—Oculto. Ustedes no podrán detener que continúe su misión—respondió el gnomo.

—¿No? Pensé que ya lo habíamos hecho— intervino Miedo en burlas— De hecho, debemos soltar a esta diminuta criatura. No queremos que deje de cumplir cuidar a su amo.

Al decir esto, Miedo desató al gnomo.

—Llévanos a donde se encuentra el chico— le ordenó Miedo.

El gnomo se negó.

—Entonces, ¿qué más puedes hacer? Puedes buscar su cuaderno y lo obtendremos. No tienes otra alternativa.

—Sí— le respondió el gnomo molesto—¡ La de luchar!

Entonces comenzó a luchar con suma eficacia contra los seres y muchos apenas podían alcanzarlo debido a cómo se escabullía.

Mientras el gnomo luchaba por el encapuchado. La hada logró evitar a las criaturas de las sombras y obtuvo el cuaderno. Apenas podía alzarlo por su tamaño y arrastró con esfuerzo lejos de allí. Algo cansada, la hada abrió el cuaderno y pasó algunas páginas cuando luego de tocar lo escrito la hada extendió su mano y abrió un portal por donde se metió con el cuaderno.

Por Angel Yamil Ortiz Torres 2010 © #17