domingo, 2 de enero de 2011

Cayendo


Se encontraba la Dama cayendo por precipicio. El gnomo seguía tras ella un poco más arriba. El corazón de la Dama se encontraba acelerado y el miedo se apoderó de ella.

—¡Abre un portal!— le gritó el gnomo lo que le retumbó sus oídos.

Sin embargo, ella no estaba pensando en qué debía hacer sino en qué le estaba sucediendo. Esto la desesperó y no podía pensar en nada más que no fuera en las circunstancias. Entonces pareció detenerse el tiempo y la caída iba muy lentamente. Las palabras del gnomo seguían repitiéndose en su cabeza mientras que su voz interior aceleraba sus latidos y pedía a gritos no estar en esa situación. Esas voces que le anunciaban la muerte próxima fueron luego callándose a medida que descendía lentamente. Su mente y razón comenzaron a volver. Meditó que ya nada más podía hacer que no fuese abrir un portal con el cuaderno y decidió entonces sintiéndose presente en sí misma alcanzar el cuaderno. Una vez extendió el brazo para alcanzar el cuaderno, el tiempo comenzó a aumentar gradualmente. Al tener el cuaderno en sus manos abrió un portal casi al momento y ambos cayeron sobre este.

El portal los llevó hacia el Lago donde cayeron ambos en el suelo. La Dama comenzó a llorar por el susto y el gnomo intentó ayudarla a levantarse cuando ella lo empujó con una mezcla de dolor y coraje.

—¡Aléjate! Intestaste matarme— le gritó la Dama en lágrimas.

—No es cierto. Intenté salvarte y enfrentarte a tus temores propios.

— No quiero verlos más. ¡Lárgate!

El gnomo entonces bajó su mirada con tristeza y asintió.

—Me iré pero no me puedo llevar el cuaderno y debo advertirte, una vez ya has conocido los enigmas y las esencias, tus ojos podrán ver más allá— le dijo el gnomo con las voz aguantada.

—¡Largo!— volvió a gritar en lágrimas la Dama.

El gnomo con los ojos llenos de lágrimas asintió nuevamente y se fue corriendo de allí.

Por Angel Yamil Ortiz Torres © #31

martes, 28 de diciembre de 2010

Tesoros del Amor y la Guerra

La Dama continuaba siguiendo al gnomo hasta lo alto de la montaña. La llevo hasta un peñasco. De ahí se podía apreciar la belleza de la isla. En la costa se veían unos barcos desembarcados pero en todo el camino por la isla, no se habían encontrado con otras personas.

Allí el gnomo se volteó hacia ella y le indicó que se acercara al precipicio. La Dama nerviosa por la altura se acercó con los pies temblorosos.

—¿A qué le temes? ¿Temes a lo desconocido? Quizás tienes miedo al riesgo a arriesgarte.

—Sólo temo caerme.

—Jeje, todos poseemos temor a algo. Mientras más fuertes o preparados estemos más difíciles serán nuestras pruebas. Las respuestas se esconden en lo que ignoramos, olvidamos o negamos creer. Esto crea los seres que hemos ayudado a combatir—le dijo el gnomo y agarró a la Dama por la rodilla.

—¿Te refieres a los demonios?

— No son demonios realmente. Son las sombras de la oscuridad interna de nuestro ser. Para que surjan primero deben conocerlos y luego se convierten en los enemigos de nuestro camino—le dijo el gnomo.

—Entonces debemos acabar con las sombras.

El gnomo se rió en burla y le señaló su sombra.

—Dime en que mundo puedes desaparecer tu sombra. Estos seres andan tras nosotros toda la vida. Tienen una función y sólo se pueden enfrentar lo cual nos hace más fuertes. Enfrentarlos nos conduce a la armonía al crecimiento. Ellos existen para comprender el Amor. Lo que nos conduce y nos da vida. La razón de haberte visto mucho antes de conocerte fue gracias a los designios del Amor. El Amor vive en la victoria constante de enfrentar nuestras sombras—le contó el gnomo y le habló en un tono distinto— Abel estuvo en tu misma situación una vez que tuve que lanzarlo al precipicio.

—¿Abel?— se preguntó a sí misma la Dama cuando el gnomo la lanzó al precipicio.

—Es hora que conozcas los tesoros del Amor y la Guerra—dijo para sí el gnomo y se lanzó también.

Por Angel Yamil Ortiz Torres © #30



lunes, 27 de diciembre de 2010

Enigmas del Cuaderno

La Dama sostenía sin comprender el cuaderno. Seguía al gnomo hasta donde la quería llevar pero parecía no tener un lugar preciso a donde ir. Se encontraban en el área boscosa de la isla. Apenas divisaban los diminutos huecos por donde se colaba los rayos de luz entre las hojas. El gnomo entonces se detuvo y se sentó sobre una roca.

—Abre el Cuaderno— ordenó el gnomo.

La Dama del Lago obedeció y encontró en él diversas anotaciones, dibujos y extraños símbolos.

— ¿Por qué me muestras todo esto?

— Porque su misión esta inconclusa sin nosotros.

—Sigues enredándome en lo que dices. No comprendo nada.

—Entonces abre tus ojos al cuaderno.

El gnomo cogió el cuaderno y se lo entregó en una de las primeras páginas.

—Abre un portal hacia esto.

—No se como hacerlo.

—Ten voluntad, si piensas en ello y te enfocas lo lograrás. Todo lo que se escribe en este cuaderno se materializa.

—¿Quieres decir que el cuaderno convierte lo que queramos en realidad?

—Sí y no. El cuaderno posee esa cualidad para sus propios propósitos.

—¿Quieres decir entonces que el cuaderno tiene en sus propósitos que yo lo utilice?

—Ya deja de cuestionar y hazlo—dijo algo desesperado el gnomo.

La Dama dirigió su mirada al cuaderno y leyó para sí lo que estaba escrito. Recordó que deseaba abrir un portal y visualizó en su mente esto. Así en la dirección que tenia su mano se abrió un portal. El gnomo le ordenó que lo siguiera y llegaron a una ciudad.

—¿Dónde estamos?—preguntó la Dama siguiéndolo entre los callejones de un mercado.

—En una de sus obras. En este pueblo comienza su primer conflicto de su misión. Observa allá. Ese muchacho de allá es un príncipe y esa también— le señaló el gnomo hacia los dos muchachos.

—Supongo que su obra era que se conocieran. Lo que aun no comprendo es porque ahí surgieron sus primeros conflictos y, si esto que estamos es su obra, ¿por qué no lo transcribe y resuelve?

—Te refieres a crear puentes, ¿pero cómo puedes resolver algo si aun no sabes cómo? Eso te tornó en su primer conflicto. Su misión y la de su cuaderno es crear mundos donde se preserven valores. Estos mantienen a su vez la armonía en los mundos. Al no tener la experiencia para crear la historia, generó una historia utópica que perpetuara el Amor, la unión de las familias y los prejuicios. Lo que no supo al hacerlo fue que lo que el escribiera sería en un futuro parte de lo que viviría. Cada cosa que se escribe en este cuaderno trae repercusiones a su autor.

—¿Y cómo terminó viviéndolo?

—Eso me temo que sólo tu lo sabes—le dijo el gnomo mirándola a sus ojos y luego de una pausa le dijo que volviera hacer otro puente.

La Dama abrió otro portal y volvieron a la isla.

—Me temo que todavía no entiendo que tiene que ver esto conmigo y lo que esta pasando.

—Precisamente porque no hemos terminado. Este cuaderno guarda muchos enigmas y todavía tienes mucho por andar— le dijo el gnomo y continuaron esta vez a subir una montaña de la isla.

Por Angel Yamil Ortiz Torres © #29

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domingo, 26 de diciembre de 2010

Sendas de Huída

Se encontraba el encapuchado atormentado por las pesadillas que continuamente lo hacían temblar de terror. Voces espectrales gritándole su gran falla y muros asfixiantes envolviéndolo en un mundo del que se quiere gritar del que se quiere correr. Un mundo que que se regaba de letras anunciando sus culpas y deberes los cuales no podía huir. Más bien, no debía huir puesto que cada deber lo enterraba más en ese ataúd Esto lo hacia más intranquilo y golpeó con más fuerzas dicho muro. En esos momentos logró romper con el ataúd y despertó arborotoso y con la respiración descontrolada. El gnomo lo vio en estas condiciones y corrió a calmarlo.

—Sólo es una pesadilla— intentó calmar al encapuchado lo cual no logró y quien con furia lanzó el cuaderno y comenzó a quitarse su túnica.

—Ya déjenme sólo, yo no puedo hacer esto— gritó en llantos el encapuchado tratando de quitarse algo que no podía.

—¡Ya cálmate! Tu naciste para esto y debes realizar tu misión.

—¡No! No puedo, no sirvo para esto, sólo fue una decisión equivocada.

En esos momentos, el viento se tornó fuerte y nubes opacaron la luz del cielo. Un estruendo fuerte reventó a su lado. El miedo lo hizo alejarse hacia el otro lado mientras pareció escuchar la voz del Árbol Eterno dentro de sí.

—¡Dirigete hacia a mi ahora!— escuchó en sus adentros.

El gnomo pareciendo haber encuchado esas mismas palabras le dio con una mirada de autoridad el cuaderno al encapuchado. Este sin ganas lo cogió y se dirigió al árbol. Cuando se llevo se topo con un lugar perdido en malezas, el Árbol Eterno parecía haber cambiado.

—¿Qué te sucedió?— preguntó al encapuchado.

—¿Acaso no te das cuenta? Abandono, he caído en el abandono, apenas me visitas que no notaste los cambios por venir.

El encapuchado se desplomó en el suelo frustrado.

—No le he cumplido nadie.

—A quien no has cumplido es a ti mismo, ¿lo olvidaste? somos gracias a ti algo. Ahora vuelve a donde te quedaste—le ordenó el Árbol en un tono molesto.

En esos momentos apareció el gnomo con la Dama. El gnomo había ido a buscarla desde entonces. El encapuchado solo siendo dirigido por las palabras del árbol. Abrió el cuaderno y creó un portal. Sin decir palabra alguno entró en él y la Dama y el gnomo tuvieron que correr para entrar. Llegaron a una isla donde el encapuchado siguió caminando sin esperarlos.

—¿En dónde estamos?—preguntó la Dama.

—En donde detuvo su obra. Aquí fue donde todo comenzó.

—No comprendo, ¿qué me quieres decir?

—Todo lo que estas viendo es su creación. Sin embargo, tuvo que detener su obra y su misión quedó a medias. Ahí se alejó y su vida tomó otro curso— le contó el gnomo.

—Sinceramente no comprendo nada de lo que decís— le dijo la Dama intentando sinceramente en comprender.

—Entonces deberás ver por tí misma lo que sucedió.

Caminaron más adelante y al cabo de un rato se encontraron el cuaderno solo. El gnomo se lo dio a la Dama.

—Necesita tiempo, el mismo que mientras lo busquemos tu comprenderás lo que sucede bajo estos mundos— le dijo el gnomo y continuó caminando.

La Dama sin comprender continuó.

Por Angel Yamil Ortiz Torres © #28

lunes, 18 de octubre de 2010

Moraleja de un Reino Antiguo

El encapuchado se encontraba frente al bardo cuando abrió su cuaderno y en instantes sus harapos se convirtieron en riquezas a través de sus palabras. Se hizo entender que sus riquezas materiales, presenciadas en esos momentos, eran resultado de su propio interior otorgándole así al bardo su mayor tesoro: descubrirse a sí mismo. Fue entonces que en cuestión de tiempo se convirtió en príncipe.

La palabra príncipe significaba mas bien aceptación. La gente de pueblo podían reconocerlo y lo observaban asombrados a ese aquel deleite de sus poemas. Mas sorpresa aun se llevo la princesa quien reconoció en instantes a su bardo y en esos momentos era un príncipe quien determinaba pedirla. Los reyes lo recibieron con jubilo y eso despertó en él una mirada de malicia y reto en el príncipe. Una vez habiendo pedido ya a la princesa y los reyes haber echado vista a los bienes del bardo. El ahora príncipe, justo antes de salir por las puertas con su amada, se despojo de sus vestidos finos demostrando entonces sus harapos de bardo cayendo los reyes en cuenta.

–Apenas conocieron mi rostro para conocerme entonces mas sin embargo, sigo siendo el mismo bardo que una vez apenas oyeron.— le dijo el príncipe y ambos salieron del reino.

El Reino Antiguo se conmocionó con la noticia de lo sucedido. El encapuchado, la dama, el gnomo y la hada se fueron entonces satisfechos de haber cumplido su misión.

No deberíamos prejuiciarnos con la apenas presencia que induce temor a lo desconocido y hiere en las mil formas al mundo con su ambición por impedir algo que carácter natural. ¿Qué logramos prohibiendo el amor o lo que nos induce temor? Por más que se le corte sus ramas al árbol este producirá muchas más ramas tornándose más vivo. Devolver la pureza a la armonía es la misión atada a mi cuaderno, es la esencia de un gnomo y una hada quienes poseen esperanza con su carácter fantástico y posible, es la historia y tesoro de un Árbol Eterno quien protege al Amor, es el convencimiento de una Dama que si existen los designios de corazón y es la fuerza que ilumina a este encapuchado en los senderos oscuros y desconocidos por caminar. Es nuestra compañía por restaurar la armonía que nos llena de Luz e Inspiración.

Por Angel Yamil Ortiz Torres © #27

domingo, 26 de septiembre de 2010

Fabula de un Reino Antiguo

La princesa iba escoltada por guardias a través del mercado. Visto que jamás se separaban de ella, en lugar de continuar con sus usuales rondas entre la mercancía de las tiendas procuró visitar una tienda de campaña casi oculta. Tal como sugería el aspecto de dicha tienda dentro había una supuesta gran visionera acabada de llegar al reino. Por lo tanto, una vez la princesa decidió entrar en la tienda los guardias decidieron esperarla porque temían de su poder. Entonces una vez la princesa hubo entrado en la tienda la Dama en su interior la estaba esperando.

—En primer lugar, vienes a mí huyendo de los guardias así que demuestras tu descontento con las normas del reino. Por ello, veo que la casualidad de tu vida te hizo venir a mí buscando una solución a tu problema— le dijo la Dama.

—Yo sólo he venido a darle la bienvenida al reino— le dijo la princesa asustada y cortante.

—A mi juicio, está claro que no es una casualidad encontrarnos ya que podrás lograr lo que tu corazón pide. O sea, en concreto, eso que atesoras tanto lo podrás obtener.

Por consiguiente, a tales palabras la princesa quedó sorprendida. Al contrario de todo lo que había escuchado. De modo que la Dama provocó curiosidad en la princesa.

—Para empezar, ¿cómo puedes darme lo que yo necesito?—le preguntó la princesa sin comprender.

—No te daré nada, te recordaré lo que tienes.

—A mi parecer entiendo que no sabes nada. Pues bien, es mejor que me vaya. Además lo que yo necesito no tiene solución.

—Amas algo prohibido. Asimismo he venido hasta aquí. Aunque no lo creas, ustedes cargan algo muy preciado— dijo la Dama deteniéndola nuevamente.

A continuación la Dama accedió a escuchar lo que olvidaba y se sentó frente a la mesa.

—En definitiva, ¿qué es lo que debo recordar?

La dama se sentó frente a la princesa con un rostro maternal.

—En realidad, todo lo que debes saber es amar. El caso es que todos olvidamos poco a poco que la bondad existe. Nos aferramos a la verdad presente en esos momentos y olvidamos que este mundo constantemente cambia. Se te otorgó un regalo. Protégelo con todas tus fuerzas.

—Desde mi punto de vista nada ha cambiado. Es más, jamás cambiará.

—Un deseo jamás es imposible. Sólo necesitas esperanza igualmente sostienes tu fe. Todo el mundo sabe estas realidades y las olvidan mientras enfrentan la dura vida. Recuérdalo y veras milagros ocurrir.

Al decir estas palabras, la hada, que se mantenía oculta, salió y la princesa se asombró al verla. Por otro lado, el bardo se encontraba sentado frente a una fuente a la plena noche. Se encontraba desanimado por todo cuando sintió una presencia cerca de él. Miró a todos lados y vio a un ser encapuchado.

—He venido a cambiar tu historia y convertir tus palabras en riquezas. Así pues, lograrás obtener lo que el destino ha escrito en sus caminos—dijo el encapuchado sin dar explicaciones.

Por Angel Yamil Ortiz Torres 2010 © #26

viernes, 24 de septiembre de 2010

Prólogo de un Reino Antiguo

Es evidente que la vida es continuo crecimiento. De hecho, el término vida nos implica a su vez muerte. En mi opinión, nuestro crecimiento se debe al ciclo de vida y muerte a través del camino. Es decir, si queremos una mejor vida debemos renunciar a la antigua. Sin embargo, cuando se aproximan los eventos del posible cambio, una guerra se debate entre su camino y uno mismo. Sólo se debe impulsar el cambio.


Así, en un antiguo reino, la sombra de un encapuchado se comenzaba a rumorear. Ahora bien, toda la atención del reino no se encontraba en los reyes ni en su familia, ni mucho menos en este encapuchado sino en la leyenda que estaba naciendo.


En este reino, vivía una princesa. No se encontraba encerrada en un castillo pero secretamente privada de elegir ese ser que la acompañaría el resto de su vida. Puesto que el mundo conspira continuamente buscando la unión y concediendo los sueños de los corazones con valor, las casualidades la condujeron a conocer un bardo. En consecuencia, se enamoraron perdidamente el uno del otro. Nadie puede ignorar el amor ya que quien lo experimenta descubre parte de su realización y felicidad. Antes bien, está claro que para amar verdaderamente el mundo pone trabas y hace parecer imposible. Así pues, su amor no fue aprobado por los reyes debido a su condición material por lo que la sombra del encapuchado fue invocada al amanecer. Como el nacimiento de un día, el encapuchado, la dama, el gnomo y la hada aparecieron a través de un portal pues su cuaderno los guiaba.

Por Angel Yamil Ortiz Torres 2010 © #25