viernes, 13 de enero de 2012

Necesidad de Actitud



Se encontraba el encapuchado en la cima de la loma y de ahí todo lo podía observar. El gnomo se encontraba cerca de él explorando el área en busca de materiales. El encapuchado estaba recordando la mujer de aquella extraña Sabiduría y abrió su cuaderno. Recordaba que le había dicho que aquella a quien guardaba en su cuaderno lo estaba buscando. Hojeó varios de sus escritos y dibujos hasta que se encontró con la imagen de la mujer que conocía de hace mucho tiempo atrás mas nunca había hablado con ella. Era el Rostro de la Mujer Definitiva, una mujer de perfecta belleza ante sus ojos. Esto también hizo desentrañar recuerdos de su pasado que no deseaba explorar por lo que cerró su cuaderno.

 Se sentía fuera de propósito mientras no se encontraba luchando contra sus propios males. Un tiempo en blanco sin nada aparente que debiese hacer o buscar. Sólo tenía su cuaderno, el gnomo y la búsqueda de una hada que el propiamente había olvidado antes. Tenía el cuaderno en sus manos pero esto no lo acercaba a su misión, siquiera estaba realizándolo. Sólo estaba en la cima de la loma esperando que algo aparentemente sucediese. Meditaba si realmente había logrado algo desde el momento en que decidió retornar mientras caía por el acantilado. 

Nada es como se espera, nos dirigimos hacia el encuentro de algo que no siempre esta presente en el momento que llegamos a él. Esto crea confusión y sólo nuestras actitudes son las que determinan  nuestro destino. Actitud, era lo que siempre le estuvo exigiendo la vida al encapuchado. El levantarse y actuar ante el camino, el mundo siempre lo ha estado esperando para que cumpliese su verdadero destino. 

El encapuchado va entendiendo esto cuando a lo lejos logra ver un pequeño celaje. Se enfocó más en él y pudo reconocerlo como su querida y anhelada hada. Rápido avisa al gnomo y ambos bajan rápidamente la loma. No obstante, no se percatan que un ser en sombras anda tras ellos.

Por Angel Yamil Ortiz Torres 2012 © #37



miércoles, 12 de octubre de 2011

Esencia de la Sabiduría

Se encontraba el gnomo y el encapuchado siguiendo en dirección hacia donde aparentemente se había visto la hada volar. El encapuchado se sentía muy esperanzado de encontrarla y se movía velozmente entre los campos y bosques que cruzaba. Pronto perdieron el rastro de la hada nuevamente y el encapuchado gritó de coraje por su frustración. En ese momento se desplomó en el suelo y el gnomo se dirigió hacia él.

 —Tranquilo, pronto la encontraremos— le dijo el gnomo recostando su mano sobre él— La hada siempre vuelve y volverá.

 —No en estas circunstancias, no como estoy...—se dijo el encapuchado— Estoy siendo presa fácil para los entes oscuros gracias a las emociones que estoy emitiendo.

 —Es que eres muy obstinado y pretendes resolver todo a la ligera. Todo en la vida es un proceso, un cambio para algo mejor. Por ahora— dijo el enano mientras se levantaba y lo invitaba a que se animara— lo mas importante es que te pongas de pie. Hay una misión que debes cumplir.

 —¡Estoy harto de esta maldita misión! Lo único que hago es repetir las mismas caídas para levantarme nuevamente. No se ha logrado más nada.

 Entonces las brisa empezó a mecer toda la naturaleza a su alrededor y el ser femenino que se le presentó anteriormente llegó frente a él con la belleza natural de su ser. Esta vez la pudo apreciar en detalle. Llevaba puesto un traje blanco resplandeciente que fluía junto al viento. Su pelo oscuro contrastaba totalmente la luz que irradiaba su presencia. El rostro maternal de esa mujer poseía en un lenguaje inexplicable sabiduría. Ella sonrió mientras de acercaba a él.

 — Suelta todo por estos momentos— le dijo la mujer— Sabes que el pasado no va volver. Si te sigues empeñando en ello, seguirás fracasando nuevamente. Estas constantemente reviviendo los fracasos del pasado.

 El encapuchado sacó su cuaderno y fue a repasar su contenido. La mujer puso sus manos sobre el cuaderno e hizo que este le prestara atención.

 — Todo tiene su tiempo y razón. Sientes mucha presión porque conoces tu labor pero olvidas que debes actuar en respuesta a tu inspiración y las señales que te da el mundo— le dijo la mujer y luego hizo una pausa— Toma tu tiempo para contemplar y encontrarás significado a las cosas. La sabiduría no es una respuesta fija e inamovible. Es en sí una constante evolución y movimiento. Caminar hacia lo que buscas es lo único sensato. Lo demás es estar consciente de los pasos.

 El encapuchado había entendido el mensaje y se levantó. La mujer sonrió y volteó para alejarse pero antes se detuvo para anunciarle algo.

 — La persona a quien conoces pero no la conoces anda buscándote. Esa que llevas guardada en tu cuaderno— le anuncia la mujer— recuerda estar pendiente a las señales que el mundo te dará.

 Ya habiéndose ido la mujer, el encapuchado cierra su cuaderno y se levanta para irse. El gnomo entonces comienza a seguirlo.

 —¿Cuál es el destino?— pregunta el gnomo.

 —Descansar por unos momentos y meditar un rato— le dijo el encapuchado mientras subían una loma.

 Por Angel Yamil Ortiz Torres © 2011 #36

jueves, 30 de junio de 2011

Búsqueda de su Hada

        El encapuchado se teletransportó a la base junto con el gnomo. El lugar se encontraba abandonado como siempre solía terminar. Sin embargo, había algo cambiado en aquel lugar. Todo allí había crecido y entre las malezas se podía apreciar la belleza de un proyecto que había comenzado. Los cantos de las aves entonaban el lugar y la brisa fresca jamás abandonaba el deleitar a quien se dejaba acariciar por ella.

          El gnomo fue a recostarse de un árbol pero considero la muy mala idea que esto era debido a que las malezas lo tapaban. El encapuchado al ver esto se dio a la tarea se arreglar el lugar junto al gnomo. Luego de un largo rato, la base había mejorado notablemente de como se encontraba. Una vez estado así, el gnomo se fue a recolectar materiales para sus inventos y el encapuchado se sentó a revisar su cuaderno.

     Sabia que debía seguir adelante y continuar su misión dejándose guiar por su interior debido a que el exterior sólo era una ilusión del pasado. No obstante, mientras su determinación crecía existía un engaño dentro de sí y este a la vez se volvería realidad. Ya sabía que la dama no volvería por lo que ahora se dirigiría a recuperar a ese ser que lo ha acompañado siempre que se envuelve de inspiración y el sonar de sus alas motivan su andar. Necesitaba recuperar a su hada y su cuaderno era la única esperanza para encontrarla.

   Hojeaba las hojas del cuaderno cuando se topó con un dibujo de ella. Entonces intentó llegar a ella utilizando un portal que creo hacia su aparente destino y al entrar se encontró en la nada. El encapuchado entonces se sintió frustrado y se sentó. No parecía ser tan fácil como creía poder retornar por su propia cuenta a su destino. Entonces de la nada volvió  aparecer junto a él el ser de Luz que le había hablado anteriormente.

—Buscas algo que ya posees— le dijo el ser femenino.

—No la poseo, la hada no puedo encontrarla, posiblemente al perder la inspiración ella se fue.

— La inspiración es algo que se crea dentro de tí y tu puedes crearla también.

—No se como hacerlo.

—Regresa a tu base crea tu propia inspiración.

El encapuchado se encontraba molesto por la petición del ser femenino pero volvió a la base. Una vez allí, buscó el por qué estar inspirado y fue entonces cuando comenzó a recordar lo bien que se sentía cuando seguía sus sueños. Todos esos recuerdos llegaron al interior del encapuchado cuando el gnomo le interrumpe su estado.

—Creo haber visto la hada a lo lejos— le dijo el gnomo algo contento.

  Pero más contento se encontraba el encapuchado que al gnomo anunciarlo se lanzó junto con su amigo en la búsqueda.

Por Angel Yamil Ortiz Torres © 2011 #35

martes, 7 de junio de 2011

Las Entes de Luz

Se encontraba el encapuchado frente a las dos entidades femeninas de Luz. Su  Luz era muy potente que apenas podía verlas bien. Entonces una dejó de emitir su Luz.

—¿Son ángeles?— preguntó el encapuchado.

—La realidad es que me conoces mas aun no comprendes— le respondió quien había dejado de emitir Luz—No soy un ente como los oscuros, pero mi camino se encuentra con el tuyo y he acudido a brindarte mi sabiduría.

—Entonces eres la Sabiduría—le dijo el encapuchado— Sólo debo crear un puente a lo que quiero, iré al pasado y repararé todo esto.

El ente sonrió.

—No hay más acción que el ahora— le dijo— Todo en la vida posee un propósito. Incluso la oscuridad, existe para hacer crecer a la Luz. Piensas que tu vida es un derrumbe más olvidas que tu cuaderno es tu vida. Todo fuera de ti es una ilusión y tu fortaleza es tu interior. Tu corazón. Haz olvidado a tu hada y así jamás volverá.

Entonces apareció el gnomo.

— Olvidaste tu misión y tal como dijo el Árbol Eterno sabias que esto a la larga iba a ocurrir. Las hojas se nutren del valor de seguir nuestros sueños—le dijo el gnomo.

—Las hojas se equivocan. Aun continúan diciendo que todo esta bien cuando ya no hay solución. Lo puedo ver— respondió el encapuchado.

—Entonces sigue a tu corazón y comprende que lo que ves es una ilusión. Tienes dos caminos adelante. Seguir combatiendo los entes oscuros y vivir lamentándote o de una vez continuar la misión que te apasiona tanto. Las hojas te dicen que confíes y eso debes hacer. Confiar en Ti— le dijo el ente y se empezó a alejar con quien aun mostraba su Luz.

—¿Quién es ella?— preguntó el encapuchado y de momento se esfumó.

—La conoces, alguien que te ha seguido desde entonces y ha buscado contactarte. La vida parece ser una serie de enredos, pero cuando comprendes y confías en tu corazón puedes llegar a tus sueños y entiendes que todo tiene una razón— le dijo el ente y terminó yéndose.

 El encapuchado se quedó entonces solo con el gnomo.

—Tómate tu tiempo, y luego comenzamos— le dijo el gnomo esperando ya la respuesta.

—No, empecemos ya— le dijo el encapuchado y sacó su cuaderno.

Por Angel Yamil Ortiz Torres © 2011 #34

lunes, 28 de febrero de 2011

Derrumbe

La despedida de la Dama nubló el corazon del encapuchado. Cayó en el suelo y sin comprender sus manos comenzaron a temblar y se desataron sus lagrimas provocadas por la presion que ejercía pensar. La pregunta era, ¿por qué realmente lloraba?¿por qué su despedida lo desataba en llantos? Miedo se acercó a él astutamente para hacerle sufrir.


—Te he dicho siempre que vuelvo a ti. Cada vez que te derrumbas vuelves y te levantas para caer nuevamente. Padeces de constancia y eso te ha hecho perder todo lo que te hacia interesante.  Eres tan ingenuo, no debes levantarte, solo te haras mas daño. Estas totalmente solo y no tienes a donde ir. Muchas de las sombras desean devorarte y oscurrecer tu corazon con sufrimiento— dijo Miedo y le alzó el rostro.— Pero no es mi naturaleza, la mia sólo es destruir las fortalezas  y de ello me alimento.


El encapuchado dentro de si comenzó a creer en sus palabras e iba a interrogarle cuando dos luces les impedian la ista. Dos seres femeninas caminaban hacia alla. Esas muchachas  alumbraron a Miedo y se dijirieron con un rostro amable al encapuchado.


Por Angel Yamil Ortiz Torres © #33